Pavía, 1525: el día en que los Tercios cambiaron la guerra
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El 24 de febrero de 1525, día del cumpleaños del emperador Carlos V, el destino de Europa se decidió en los campos helados de Pavía, al norte de Italia. Allí, un ejército imperial —formado en buena parte por tercios españoles, apoyados por lansquenetes alemanes e italianos— no solo derrotó de manera aplastante al ejército francés, sino que logró algo impensable hasta entonces: capturar vivo al rey de Francia, Francisco I, en pleno campo de batalla.
Pavía no fue solo una victoria militar. Fue, como recalcan muchos autores, el acta de nacimiento de la hegemonía militar española en Europa y la confirmación de que una nueva forma de combatir —basada en la infantería disciplinada, el fuego de arcabucería y la coordinación táctica— había sustituido definitivamente al viejo ideal caballeresco medieval.
Contexto histórico: Italia y la lucha por la hegemonía europea
A comienzos del siglo XVI, Italia era el gran tablero geopolítico de Europa. Rica, fragmentada y estratégica, se convirtió en el escenario principal de las Guerras de Italia (1494–1559), en las que se enfrentaron principalmente Francia y la Monarquía Hispánica.
Tras ser elegido emperador en 1519, Carlos V heredó un conjunto de territorios sin precedentes: Castilla, Aragón, Nápoles, Sicilia, Flandes, Austria y los dominios americanos. Francia, rodeada por tierras imperiales, veía en Italia su única vía de expansión. Y será la clave del éxito de uno u otro, pues Italia desahogaría a Francia o la rodearía si fuese de la Monarquía Hispánica.
El ducado de Milán era la pieza clave. En 1524, el rey francés Francisco I cruzó los Alpes con un poderoso ejército y puso sitio a la ciudad de Pavía, defendida por una guarnición imperial al mando de Antonio de Leyva, veterano soldado español.
Los ejércitos enfrentados
El ejército francés
Unos 25.000 hombres. Su fuerte: el núcleo de caballería pesada. Mercenarios suizos y artillería numerosa. Mandado personalmente por Francisco I.
Francia confiaba aún en la supremacía de la nobleza armada y en el choque frontal como forma decisiva de guerra.
El ejército imperial
Unos 23.000 hombres. Su fuerte: los Tercios españoles (infantería veterana). Apoyo de Lansquenetes alemanes e Infantería italiana. Menor número de jinetes (caballería ligera).
Este ejército representaba la guerra moderna: infantería disciplinada, fuego coordinado y flexibilidad táctica.
El desarrollo de la batalla
En la madrugada del 24 de febrero, las tropas imperiales lanzaron un ataque sorpresa atravesando el Parque de Mirabello, donde se encontraba el campamento francés.
Francisco I reaccionó con rapidez y ordenó una carga masiva de caballería, confiando en aplastar a la infantería enemiga. Pero fue un error fatal.
Los arcabuceros españoles, protegidos por piqueros, abrieron fuego a corta distancia. La caballería francesa, pesada y poco maniobrable, quedó atrapada en un terreno boscoso y fangoso. Los caballos caían, los jinetes eran rematados en el suelo, y el caos se extendió.
Mientras tanto:
Los suizos fueron contenidos y derrotados
La artillería francesa quedó inutilizada
La infantería imperial avanzó con disciplina implacable
En medio del combate, el propio rey Francisco I fue derribado de su caballo y rodeado por soldados españoles. Incapaz de huir, se rindió. La tradición señala que fue capturado por Juan de Urbieta, Diego Dávila y Alonso Pita da Veiga.
“Todo se ha perdido, salvo el honor”
Desde su cautiverio, Francisco I escribió a su madre una frase que pasaría a la historia:
“Todo se ha perdido, salvo el honor”.
Pero de honor poco, como veremos a continuación, y no por el rey-emperador, no, sino por el propio rey de Francia.
El rey de Francia fue trasladado a España, concretamente a Madrid, a la casa y torre de los Lujanes[1] y permaneció prisionero hasta firmar el Tratado de Madrid (1526), en el que renunció a sus pretensiones sobre Italia y Borgoña. Según la historia, Carlos V se mostró muy exigente con Francisco I. Este renunciaba al Milanesado, Nápoles, Flandes, Artois y Borgoña.
Se cuenta, a modo de leyenda, que Carlos V renunció a usar su lengua materna –francés borgoñón- y la lengua habitual de la diplomacia –italiano- para hablar por primera vez de manera oficial en español.
Sin embargo, el tratado firmado será incumplido por el rey francés ya que Francisco I se aliará con el papado para combatir a la Monarquía Hispánica. Nada más ser puesto en libertad.
Consecuencias de la batalla
Militares
Consagración definitiva de los Tercios españoles
Declive irreversible de la caballería pesada medieval
La infantería pasa a dominar los campos de batalla europeos
Políticas
Francia queda neutralizada
Carlos V se convierte en el árbitro de Europa
Consolidación de la hegemonía de la Monarquía Hispánica
Históricas
Inicio del siglo de oro militar español
Pavía se estudia aún hoy como ejemplo de revolución táctica
La guerra cambia para siempre
Conclusión: Pavía y el nacimiento de una leyenda
Pavía no fue una victoria más. Fue el símbolo de una nueva era, el momento en que la disciplina, el sacrificio y la profesionalización del soldado se impusieron al linaje y la arrogancia nobiliaria.
Los Tercios, formados por hombres de todas las tierras de España, demostraron que la cohesión, el valor y la experiencia podían derrotar a cualquier enemigo, incluso al rey más poderoso de Europa.
Durante más de un siglo, el nombre de España inspiró respeto —y temor— en los campos de batalla. Y todo comenzó, en buena medida, aquel frío 24 de febrero de 1525, en Pavía.
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[1] Hay autores que ponen de manifiesto que el rey francés no estuvo en Los Lujanes sino en el Alcázar de los Austrias que, tras un incendio, fue sustituido por el actual Palacio Real de Madrid.