¿Picos, palas y azadones?  La verdad tras las cuentas del Gran Capitán

¿Picos, palas y azadones? La verdad tras las cuentas del Gran Capitán

Hablar de Gonzalo Fernández de Córdoba es –literalmente- hablar del hombre que jubiló el sistema medieval y parió, entre el barro y la pólvora de Italia, al soldado más temido del mundo (los tercios).

Las "Cuentas del Gran Capitán" no son solo una anécdota de oficina; son el choque entre la gratitud de un reino y la envidia de una corte.

Tras conquistar un reino para España, Gonzalo Fernández de Córdoba fue humillado con una auditoría exigida por un Rey Católico celoso de su gloria. La respuesta del "Gran Capitán" es el mayor ejercicio de elegancia y descaro militar de nuestra historia.

 

Introducción. El hombre que fue más que un Rey

 

            A principios del siglo XVI, el nombre de Gonzalo Fernández de Córdoba pesaba más que la corona en las tierras de Nápoles. Había derrotado a los franceses en Ceriñola y Garellano, entre otras batallas, inventando de paso la infantería moderna. Pero en la España de 1506, el éxito era un pecado que se pagaba caro. Mientras el Gran Capitán asentaba las bases del Imperio, en la Corte se afilaban las plumas de los contables.

 

Contexto. La ingratitud de Fernando el Católico

 

            Muerta Isabel (la Católica), su gran valedora, Gonzalo se quedó solo ante un Fernando el Católico que, aunque brillante, era de naturaleza desconfiada. El rey temía que su virrey en Nápoles se volviera demasiado poderoso o, peor aún, demasiado independiente.

Con la excusa de la mala administración de los fondos enviados para la guerra, el rey exigió una rendición de cuentas detallada de hasta el último maravedí. Un insulto para el hombre que había entregado un reino entero a la Corona.

Y así fue, el Gran Capitán detalló las cuentas. Pues las guerras no son gratis, como bien sabéis.

 

El desplante de un caballero

 

            Cuenta la leyenda (y parte de la crónica histórica) que Gonzalo, harto de que unos burócratas cuestionaran su honor, se presentó ante el Rey con unos libros de contabilidad que eran una bofetada de realidad. Ante la petición de detalles sobre los gastos, el Gran Capitán soltó su famosa retahíla:

-        "Doscientos mil ducados en picos, palas y azadones para enterrar a los muertos del enemigo."

-        "Cien millones en frailes, monjas y pobres para que rogasen a Dios por las almas de los soldados españoles."

-        "Y finalmente, cien millones por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino."

Más allá de la hipérbole, lo que Gonzalo estaba diciendo era claro: la gloria no se audita. El dinero se había gastado en mantener la moral de una tropa que vivía por y para su general, la guerra y, en general, en una victoria y, consecuentemente, en un reino.

 

Conclusión. El legado de la dignidad

 

            Las "Cuentas del Gran Capitán" pasaron a la historia como el símbolo de la dignidad del soldado frente a la ingratitud política. Gonzalo murió en Granada, alejado del poder, pero adorado por sus veteranos. Fue el primer gran héroe de lo que pronto serían los Tercios, recordándonos que el honor no entiende de balances de situación.

 

¿Sientes el orgullo de los Tercios en las venas?

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